jueves, 23 de mayo de 2013

Torvizcón-Mayoyos-Manigua



“De manera que, con mis libros y mis cuadernos bajo el brazo, y el recuerdo siempre vivo de Eusebio dentro de mi corazón, volví a subir a la calle Cárcel Alta, donde fui muy bien recibida por las profesores y en especial por Doña Amparo y por su hija, que ya era maestra en la Escuela de Prácticas.
Nada más llegar, la siempre alegre y optimista Candela, como a ella le gustaba que le dijéramos, me estuvo animando a prepararme bien y terminar de sacarme el título, porque, según me dijo entre risas y con aquel su manoteo característico, le estaba hablando a un muchacho que era maestro en Torvicón, un pueblo de la Alpujarra. No iban a tardar mucho en casarse, y en cuanto lo hicieran, tenía pensado irse con él a su escuela, de manera que el puesto suyo quedaría vacante y yo podría ocuparlo si ella me proponía como sustituta…..”

Hija de la Manigua. Isabel Sánchez Ballesteros.

Torvizcón. La tierra de los mayoyos.





Asentado junto al margen izquierdo de la rambla que lleva su nombre y mirando al poniente desde la falda del cerro del Cercado, a la izquierda del cerro Salchicha, se encuentra Torvizcón.

Entre sus tradiciones destaca una que no deja impávido al forastero. Es la cría del llamado cerdo de San Antón, que anda suelto por las calles con un lazo rojo atado al cuello. Los vecinos están obligados a contribuir a su alimentación para luego sortearlo en la plaza del pueblo al final de las fiestas.

El nombre del pueblo puede provenir, como argumenta el hispanista Gerald Brenan, del arbusto conocido como torvisco, abundante en la zona y usado antiguamente según la tradición para curar el ‘mal de ojo’. Nombrada por Pedro Antonio de Alarcón como la “ciudad favorita del sol”, fue considerada en otro tiempo la capital de la Contraviesa, ya que la mayor parte de esta sierra está comprendida en su término municipal. Torvizcón conserva uno de los conjuntos urbanos mejor cuidados de la comarca.


Algunos historiadores consideran que en este territorio ya existía un asentamiento humano en la época del Imperio Romano, con el nombre de Turidianum. Posteriormente, durante la dominación árabe Torvizcón alcanzó un notable esplendor gracias a su fructífera agricultura, pues los moriscos instalaron en la zona novedosos pozos y sistemas de riego. Por entonces producía seda de mucha calidad y se cultivaba viñedos para exportar pasas.

Con la reconquista cristiana y la posterior sublevación y expulsión de los moriscos sufrió un importante despoblamiento. Se fue recuperando poco a poco, llegando a recibir en el siglo XVII el título de villa. En el siglo XIX agrupaba gran cantidad de cortijos y ahora es objetivo de un incipiente turismo rural.

Además de tener la cultura culinaria común de la comarca (puchero de hinojo, migas, fritadilla de conejo, choto al colorín…), en Torvizcón tienen fama los dulces elaborados a base de higos secos como es el pan de higo.



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