jueves, 10 de octubre de 2013

Yosef ibn Nagrella-Felipe Romero

"No estoy dispuesto a que pase más tiempo sin empezar a escribir la historia de mi abuelo Samuel y de su hijo Yosef, mi padre. Hermosa y bella historia la de ambos, que terminó hace unos veinte años, cuando a mi padre se le separó la cabeza del cuerpo, atada a la cola de un caballo que recorrió durante más de tres horas todas las calles de Granada. Mi abuelo hacía diez años que había muerto y no pudo ver el final de los Nagrella en la capital del reino, pero yo sí que lo vi todo y desde luego al principio, y todavía, no me lo he podido creer. Aquel pedazo de hombre, con más de diez arrobas de peso, que era capaz de derribar un toro de un solo puñetazo en el testuz, que tiraba la lanza a más de quince varas acertando siempre en el blanco, que a diario despachaba con el rey y que luego por la noche con él y otros principes, hasta la madrugada, eran capaces de recitar poemas, entonar canciones, tañer vihuelas y retozar en las alfombras con mujeres de tres razas distintas, y cuando amanecía él se iba tan fresco al frente de los soldados. Sí, a aquel pedazo de hombre que era mi padre, lo vi yo luego en la tarde del día 9, un sabat, del mes de tehet del año 4827 -un sábado, 30 de diciembre de 1066 para los cristianos-, partido en dos, ya solo la cabeza atada a la cola del caballo, pues el resto del cuerpo se había ido quedando por el suelo de las calles. Entonces y aún así sus ojos verdes irradiaban firmeza y decisión, y los llevaba abiertos pues no quería dejar de ver a Granada"

El mar de bronce. Felipe Romero.



Yosef ibn Naguid, hijo de Samuel ibn Naguid, le sucedió, cuando contaba 21 años, en su cargo de visir del rey zirí de Granada, Badis Ibn Habbus. Recibió una esmerada educación, supervisada por su padre y adquirió un perfecto conocimiento de la lengua y la literatura árabe. Seadyah ibn Danan lo cita entre los cuatro grandes gramáticos hebreos del siglo XI, al lado de Levi (Abu-Fahm) ben Yaaqob ibn al-Tabban, Yonah ibn Yanah y Yehudah Hayyuy. Realizó una buena organización de la administración del Estado Zirí y llevo a cabo una excelente política exterior: estableció relaciones con otros estados musulmanes hostiles al reino de Sevilla (el enemigo más peligroso para los Ziríes de Granada) a los que prestó un eficaz apoyo. Simultaneó su labor política con la literaria y el estudio de la Toráh. Compuso y enseño poemas hebreos; en 1044 (según su propio testimonio) comenzó a reunir y ordenar los poemas de su padre, a la vez que componía los suyos propios. No tuvo en cambio la prudencia de su padre para hacerse respetar por la población granadina: se rodeó de agentes y oficiales beréberes, así como de ricos comerciantes judíos, a los que favoreció. Por lo que se ganó las antipatías populares por su partidismo militante a favor de Badis y contra Buluggin Sayf al-Dawla, ambos hermanos y el segundo padre de Abd Allah. La muerte por envenenamiento de Buluggin después de haber asistido a una fiesta en su casa, el temor a una intervención militar de los abbadíes sevillanos, las intrigas palaciegas y una amplia campaña difamatoria hicieron caer en desgracia a Yusuf, originándose un pogromo el día 30 de diciembre del año 1066, en el cual él fue asesinado, juntamente con alrededor de cuatro mil judíos más.

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